El centro o punto original del Mandala en todas las culturas se refiere al conocimiento de uno mismo. Del mismo modo que el cuerpo humano produce pelo, la mente humana produce universalmente símbolos. Las estructuras mentales profundas son extraordinariamente similares.
En el budismo los Mandalas son utilizados como instrumento de meditación, los más conocidos son los Mandalas tibetanos y consisten en dibujar con arena de colores múltiples formas que se organizan alrededor de un círculo, proceso que dura varios días. Cuando está terminado los monjes lo destruyen ya que lo principal no es la obra terminada sino el proceso de creación, el propio camino es la meta.
Los Dogon de Mali poseen una metafórica relación entre el lenguaje y los símbolos. Los Dogon llaman "bummo" (huellas) a todos los elementos presentes en sus Mandalas. Meditar y trabajar la propia evolución sobre la base de sus Mandalas es esencial para llegar a comprender su lugar en este mundo y así identificarse con el cosmos y con el infinito.
Para los nativos australianos, el sentido encerrado en las nociones de “centro” y “eje” se halla lejos de corresponder a una especulación abstracta, ya que sus fundamentos metafísicos se extienden a la respectiva cosmovisión y a la aplicación de las ciencias tradicionales.
Los nativos navajos celebraban ceremonias, las cuales incluían oraciones y pinturas de arena representando diversos Mandalas. En toda América: Los apaches, aztecas, incas, mayas, mapuches, vemos Mandalas representando los elementos de agua, tierra, fuego y aire en comunión con todos los seres.
En todas las culturas los Mandalas simbolizan “Algo que nos habla de verdades universales y de significados últimos, algo que toca la esencia fundamental de la condición humana” Representan aquellas verdades divinas, sobre las cuales los hindúes, los taoístas, los cristianos, los sufíes, los budistas y tantas otras culturas milenarias se hallan en total acuerdo.
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